Toda la culpa es tuya, Fidel

Categoría: Noticias Publicado: Jueves, 01 Diciembre 2016 Escrito por Comunicación

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Por MS. c. Susel Noemí Alejandre Jiménez.

La “culpa” de Fidel no se puede expresar con simples palabras. Podremos decir muchas cosas al respecto sobre el Comandante, pero no existe verbo alguno para enunciar cuánto se ha logrado y se llegó a término por su perseverancia y conciliación. Para él, no había imposibles; todo, absolutamente todo era operable, no había “peros” que obstaculizaran el progreso; no se podía vacilar ante su presencia y su figura; hasta para los más débiles de espíritu, siempre provocaba el frenesí.

Por su culpa se conquistaron grandes hazañas en esta tierra: pasamos de ser una nación tiranizada a un pueblo emancipado; glorificamos un pasado bañado en sangre, para vivir a un presente y futuro decorosos. Por su culpa tenemos Revolución, que es cambiar todo lo que debe ser cambiado y por su culpa aprendimos a quererlo como modelo y paradigma.

Por su culpa se construyeron incontables obras sociales; por su culpa se inauguraron los más inverosímiles centros educativos, pensando en todo momento en la diversidad de cada educando; por la culpa de Fidel la salud es pública y es además gratuita; por su culpa todos tenemos derecho a las más complicadas y costosas cirugías y tratamientos, aun y cuando solo concedamos la señal de “gracias”. Por su culpa nos hemos crecido como nación en las más controvertidas circunstancias; gracias a su culpa, ocupamos un foco llameante en la simbología del mapa. Y es que por su culpa somos honrados y enaltecidos como cubanos dignos en el mundo.

Por su culpa, hoy no andamos mendigando a la suerte como seres humanos, sino que bañados por el orgullo escalamos un estandarte; por culpa de este hombre de talla universal, somos ciudadanos meritorios que defienden un terreno soberano, dispuestos a escoger nuestro destino, dispuestos a la libre autodeterminación.

Lo culpo a él de todo cuanto tenemos y disfrutamos, poco o mucho, me da igual; sí, culpo su sabiduría y ejemplo como cantera que emana fuego de justicia y rompe toda barrera comunicativa. Culpo a Fidel de tener un hálito de modestia que lo persiguió para siempre y no vaciló cuando imperaba el sacrificio, cuando de moral se trataba y cuando los principios éticos necesitaban ser encumbrados.

Te culpo Fidel por tu cálida sonrisa, por tu exquisitez hacia los niños, por tu sensibilidad ante los más frágiles y por hacerte presente en los momentos de adversidad. Te culpo, sí, te culpo por permanecer como centinela insomne por la seguridad de tu gente, de tu pueblo, de aquellos que confiaron en ti, y también, por qué no, de los que titubearon. Y es que hay que culparte por todo lo que bien nos dejaste en materia de vergüenza.

Hoy te culpo por ser un fiel martiano, por continuar con tenacidad el legado del Che y por centellear un rayo de patriotismo que nunca claudicará. Culpo al Comandante por su heroísmo, por no rendirse ante la injusticia, por su naturalidad y franqueza, ¡por hacer, más que decir! Créeme, Fidel, hoy te tengo que acusar: toda la culpa…es tuya.

                                                                                                                                                                                                                                                                         FCINE - Dpto. Comunicación Institucional

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