Vida universitaria

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UN SUEÑO POR LOGRAR ÍNTEGRO: EL ARTE DEL QUEHACER UNIVERSITARIO EN EL DESARROLLO LOCAL

Dr. C. Rafael Izaguirre Remón. Profesor e Investigador Titular. Vicerrector.

La cercanía del VI Congreso Cubano de Desarrollo Local –que convoca la Universidad de Granma- hace tornar la mirada reflexiva hacia la utilidad del arte de hacer bien las cosas, como expresión de la cultura, en tanto resultado del proceso de desarrollo social en el cual se inserta la educación superior contemporánea.

Es común reconocer que la extensión universitaria funciona como la mejor expresión de una integración creativa Universidad-Sociedad y su vínculo más idóneo; lo que convierte a esta función en eje de la acción universitaria, hilo conductor del compromiso social de la Universidad, que favorece la función de sus programas para lograr impactos y relevancia en el quehacer sociocomunitario de las instituciones de educación superior, como afirma Tünnermann.

Conceptos como cultura, desarrollo cultural, promoción cultural y trabajo sociocultural son un eje teórico que permite aplicar en la praxis una nueva visión de la extensión universitaria enfocada al desarrollo, desde una concepción de la ciencia que invita a pensar con nuevas ideas que potencian el papel transformador de la relación universidad-sociedad.

Se ha señalado que no se puede hablar de desarrollo económico, de desarrollo humano, sin abordar el desarrollo cultural, ya que se abren o cierran las posibilidades y se determinan las múltiples opciones al ser humano desde las claves de cultura que somos capaces de fomentar en el proceso de formación de los profesionales. Se comprende que en la historia de las civilizaciones, el robo y la tergiversación de la cultura han sido la maniobra principal de los explotadores de todos los tiempos para imponer sus intereses egoístas. Fragmentar el conocimiento de la realidad en compartimentos estancos y concebir la cultura como adorno limitándola a sus expresiones artísticas y literarias ha formado parte de esa operación de escamoteo, según el pensador cubano Armando Hart.

Revertir esta situación en una suerte de aventura cósmica comienza con la propia cultura de las profesiones y fija una influencia determinante en la construcción de la identidad cultural de la profesión, desde los modos de actuación que tipifican la interacción del egresado con su entorno, así como su capacidad de lograr transformaciones en el mismo.

En este proceso, la cultura, como máxima expresión del desarrollo humano, logra que:

      • Aceptemos valores locales, como identificadores distintivos desde el individuo al grupo, en justa síntesis con los valores universales.
      • Asimilemos lo social desde estructuras básicas como sistemas complejos que requieren toda la atención y el interés en la docencia, la investigación y la promoción que es capaz, con sentido de lo cultural que le rodea, cada evento de trabajo desde los municipios y localidades en que se inserta el trabajo universitario.
      • Apliquemos la innovación como elemento esencial del desarrollo a partir de las propias exigencias, aportes y conclusiones sociales del grupo local empeñado en ello.
      • Despleguemos la potencialidad del autodesarrollo, proceso consciente que desde la comunidad logra el reconocimiento de los agentes y actores sociales implicados en el cambio con su voz y criterios académicos contextualizados en la localidad, lo que permite una reconstrucción académica de los ámbitos locales en un ciclo desarrollador desde la cultura general integral, en tanto misión que transparenta la exigencia y aspiración que demanda un desempeño universitario relevante en las comunidades y municipios.

En el contexto local el desarrollo es cultural en la medida que aporta un crecimiento sostenible de las potencialidades y efectos humanos a la transformación efectiva del entorno. Vale la pena recordar que para Armando HartEn un mundo donde los descubrimientos de la ciencia y los avances tecnológicos registran un ritmo vertiginoso, va adquiriendo carácter de necesidad determinar el peso de la cultura en el desarrollo económico.” La cultura es la locomotora de la economía, y por supuesto de toda la vida social. El bienestar material anhelado es la parte de la cultura en la medida que se tiene la opción de conocerla y entenderla, para ampliarla de forma permanente, provechosa y trascendente en todas las manifestaciones de la vida social.

En el contexto del desarrollo local, un cambio cualquiera, cambio transformador, se apoya en pilares sociales y culturales que son valiosos en la medida en que se suceden distintos a la hegemonía cultural colonizadora, tanto en materia de espiritualidad humana y artes, como en materia de satisfacción de las necesidades económicas. Solo cuando se incorpora una cultura que promueve las raíces del grupo que la porta es capaz de garantizarse el desarrollo sostenible, ya que la sistematización local incorporara las prácticas culturales como fortalezas y guías del desarrollo, en un proceso formativo de naturaleza cultural.

Es por ello que más allá de la relación universidad/empresa, del vínculo permanente con las instituciones culturales de la comunidad, de la ejecución de proyectos sociocomunitarios que logren impactos en la calidad de vida de las poblaciones locales, de la promoción de la cultura artística y literaria, de la participación activa de la comunidad universitaria en el liderazgo de la producción, los servicios y la vida sociopolítica de los municipios, del papel permanente de centro cultural por excelencia que asume la universidad, concebir que toda su gestión sustantiva se enfoca al desarrollo local no solo es una premisa básica, sino una condición esencial  del papel que le corresponde a la institución de educación superior en el marco del proyecto social socialista cubano, comprometido con la cultura, la prosperidad y la libertad como expresiones supremas.

Soñar que la Universidad de Granma, a partir de sus procesos sustantivos en tanto institución cultural insignia en la provincia asuma este reto, es luchar por materializar la divisa de que Saber es trascender, en la medida en que se legitimen sus resultados en el desarrollo local.

Tenemos el mandato de lograr lo que -al decir del Apóstol José Martí- es la aspiración suprema de la cultura: Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno. Y el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza.”

Para alcanzarlo, nada mejor que inspirarnos en el martiano mayor, Fidel Castro Ruz, cuando aconsejaba que la fórmula está en cada uno de nosotros y alertaba sobre la guía esencial para emprender esta tarea: El gran caudal hacia el futuro de la mente humana consiste en el enorme potencial de inteligencia genéticamente recibido que no somos capaces de utilizar. Ahí está lo que disponemos, ahí está el porvenir []”