Por: MSc. Eduardo David Pérez Fernández

Como quien se quita un manto y se pone otro, es necesario

poner de lado la Universidad antigua, y alzar la nueva”.

José Martí, 1883

La pandemia generada por el SARS COV-2 ha impuesto una nueva dinámica a la vida universitaria desde su irrupción en territorio nacional. A partir de la Indicación No. 1, del Órgano Central del Ministerio de Educación Superior (MES), desde el pasado 25 de marzo cesaron las actividades docentes de pregrado hasta la reanudación del curso académico 2019-2020 en septiembre. Tal decisión puso a prueba la pericia de la dirección y el claustro de la Universidad de Granma para asegurar en el nuevo escenario la autogestión del aprendizaje.

Con base en ello, se desplegó un arduo trabajo metodológico en la comunidad universitaria, con destaque para los colectivos de carreras/programas y años académicos, que facilitó la base orientadora para la actividad independiente de los 5252 estudiantes de las 38 carreras y 8 programas en todos los tipos de curso, y 1988 que estudian en 7 carreras en los restantes 11 municipios.

La actividad metodológica se ha centrado en la gestión de la independencia cognoscitiva y el carácter desarrollador de la evaluación, mediado por métodos, vías y procedimientos de la modalidad a distancia. En este orden, resulta válido subrayar la experiencia alcanzada en la Pedagogía y Didáctica para entornos virtuales de aprendizaje, lo que aportó experiencias que constituyen registros de innovación educativa en el ámbito universitario granmense. El papel y los resultados alcanzados por la comunidad universitaria en un contexto inédito, con apego a la normativa vigente en la educación superior cubana, han preservado la calidad y el rigor en el cumplimiento de los objetivos previstos en los planes y programas de estudio.

La apertura en septiembre del recinto académico en cada uno de sus campus, bajo la observancia de estrictos protocolos de bioseguridad, demostró la responsabilidad como valor organizacional, tanto  para la salud y el autocuidado como para el estudio, revelándose comportamientos que expresan la resiliencia ante el enfrentamiento de la COVID-19. La vuelta a las aulas implicó la certificación del entorno universitario por las autoridades sanitarias de  la provincia y el ajuste de la planificación y organización docente para asegurar el distanciamiento físico.

El desarrollo del proceso docente educativo se articuló a partir de tres ejes: diagnóstico del nivel alcanzado por los educandos en el cumplimento de los objetivos de los programas; nivelación, a partir del despliegue de un sistema de ayudas pedagógicas individual y grupal; y evaluación.

Entre las medidas de mayor impacto adoptadas para garantizar la culminación del curso académico caben destacar: la realización de convocatoria excepcional a exámenes de suficiencia, que alcanzó una participación del 36,7% de la matrícula; ajuste del sistema de evaluación de las asignaturas, con la propuesta de alternativas pedagógicas en correspondencia con las orientaciones didácticas para el autoaprendizaje; ajuste de la Práctica Laboral Investigativa; y desarrollo de un programa para el fortalecimiento de la formación integral de los estudiantes en el municipio de residencia, que implica actividades de formación laboral, investigativas, extensionistas, de educación patriótica, de impacto económico y social, de formación vocacional y orientación profesional, que refuerzan los vínculos teoría-práctica y estudio-trabajo, en tanto ideas rectoras del modelo de formación de la Universidad Cubana.

Los aspectos que distinguen esta culminación del curso académico giran en torno a la gestión pedagógica de la independencia cognoscitiva y del talento universitario mediados por los métodos de la educación a distancia, a partir de cambios revolucionarios en la planificación y organización docentes, con una significativa disminución de la presencialidad, que implicó optimizar como formas organizativas: la Autopreparación, la Práctica de Estudio, la Tutoría, la Práctica Laboral y la Consulta. Asimismo transformaciones en el sistema de evaluación, que han jerarquizado sus caracteres cualitativo, integrador y procesal; con mayor énfasis en el análisis de productos de la actividad, vinculados con el objeto y modos de actuación profesionales y una ponderación relevante de la independencia, creatividad, perseverancia y autodeterminación como rasgos de la personalidad del estudiante universitario.