Por: MSc. Sonia Torres Mendoza y M. Sc Yusdelbis Alvarado García

La Educación en Cuba constituye una de las conquistas más preciadas de la Revolución. Hacia su perfeccionamiento se han dirigido los más ingentes esfuerzos del pueblo y de la dirección política del país, en especial del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz; figura indispensable cuando de abordar el tema se trata.
Desde antes del triunfo de la Revolución ya Fidel había denunciado el decadente panorama de la educación. Así quedaba expresado en su alegato de autodefensa, pronunciado en el juicio por las acciones del 26 de julio y que luego se conoció como La Historia me Absolverá donde refiere que existían 600 mil niños sin escuela, 10 mil maestros y profesores no tenían trabajo. El nivel medio de escolarización en todo el país era inferior a los tres grados. Según datos del censo de 1953, las dos terceras partes de la población, comprendidas entre los 5 y 24 años no asistía a ningún tipo de escuela.
Pero no sólo criticó y denunció, sino que a la vez propuso la solución para la erradicación de esta problemática al plantear “Un gobierno revolucionario procedería a la reforma integral de nuestra enseñanza(…) para preparar debidamente a las generaciones que están llamadas a vivir en una patria feliz(…). No se olviden las palabras del Apóstol José Martí: El pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos, en la instrucción del pensamiento y en la dirección de los sentimientos. Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre”.




De modo que al triunfo de la Revolución este propio alegato se convirtió en el Programa político para llevar a cabo transformaciones radicales en la sociedad cubana en cuanto a este y otros problemas que habían sido enunciados por Fidel.
Es así como se toman las primeras medidas encaminadas a abrir nuevas aulas, iniciar la formación de maestros voluntarios, a convertir los cuarteles en escuelas, a dictar la ley de Reforma de la enseñanza para perfeccionar la educación del pueblo, a rebajar hasta un 35 % el precio de los libros de texto y a preparar las condiciones para iniciar la histórica Campaña de Alfabetización, una verdadera revolución educacional, considerada por él un hecho trascendental, de legítimo orgullo y gloria porque se había derrumbado cuatro siglos y medio de ignorancia y porque a partir de entonces se abrió paso a la implementación de amplio plan de becas, la creación de la educación especial y la creación de los círculos infantiles.






Es así como el pensamiento revolucionario de Fidel articulaba con los ideales más genuinos de los padres fundadores de la pedagogía cubana: Félix Varela, José de la Luz y Caballero, José Martí, Enrique José Varona, entre otros, para hacer de Cuba un país.
La riqueza de su pensamiento pedagógico se refleja en sus escritos, discursos, y sobre todo en su praxis revolucionaria, en la coherencia que siempre mostró entre lo que pensaba y lo que hacía, y en la manera de hacer suyas las doctrinas del gran maestro que fue para él José Martí. Ahí radica la verdadera esencia de su ideario pedagógico.

