Aniversarios de dos grandes paradigmas

Por Dr. C Sonia Videaux Videaux. P.T y MSc Magdeline Reinaldo Ramos. P. As.

El 14 de junio es un día extraordinario en la historia de América Latina y de manera particular de Cuba porque dos madres alumbraron en épocas distintas a dos hombres de honor que se convirtieron en paradigmas de los que hoy luchan por la justicia social y por el bien de la humanidad. Como refirió uno de nuestros padres fundadores de la nación cubana en uno de sus discursos ante Las Cortes de España, el presbítero Félix Varela,”(…) no es fácil encontrar hombres de tales sentimientos(…) Antonio Maceo Grajales y Ernesto Guevara de La Serna”.

La Historia de Cuba los hermana, los convierte en ejemplo de intransigencia revolucionaria, solidaridad y sabiduría de los cubanos que hoy se han desempeñado en diferentes regiones del mundo como colaboradores internacionalistas, enfrentando las enfermedades exóticas curables, la Covid-19 y sus variantes, o trabajando como residentes en diferentes países, a pesar de la incesante hostilidad y amenaza constante del gobierno norteamericano.

Antonio Maceo Grajales, nació en Santiago de Cuba el 14 de junio de 1845. Sus orígenes fueron del seno de una familia honrada, que emigró a Cuba y se establecieron en el Oriente cubano.

Su incorporación a la guerra iniciada por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868, fue rápida a pesar de la temprana edad, incorporado a las tropas del Capitán Rondón. Desde sus inicios demostró su fortaleza física y conocimientos; en su accionar fueron contados más triunfos que reveses. Nunca se sintió vencido por los enemigos y muestra de ello fue la Protesta de Baraguá, donde demostró que la Revolución continuaba, que la mayoría de los cubanos seguirían las tradiciones patrióticas que desde Varela estaban impregnadas en su pensamiento.

Dirigió una de las campañas más significativas que desde el punto de vista militar se realizaró frente a un ejército de hombres valientes y preparados como el de España (1895 -1897). En la Habana, asaltó uno de los centros militares más importantes de los españoles (Jaruco), derrotó al ejército enemigo y alcanzó un botín que le permitió fortalecer la tropa. Después de reunirse con Gómez, continuó el despliegue.

En Batabanó alcanzó una victoria significativa, atravesó la trocha de Mariel Majana. En ese espacio geográfico, Maceo evidenció el dominio que había alcanzado sobre dicho lugar y en doce días con solamente 250 hombres mal armados y con pocas municiones, enfrentaba a ocho furiosas acometidas de 14000 soldados españoles.

En Pinar del Río provocó cuantiosas bajas al ejército español; fueron escenarios Paso Real y Río Hondo. Fue una de las acciones en las que Maceo demostró su intransigencia revolucionaria y honor y desmintió la Proclama de Weyler que daba por vencida la guerra. Antonio Maceo quedó en los corazones, en la memoria del pueblo cubano.

En Santiago de Cuba, el 7 de diciembre (1898), en los inicios de la ocupación yanqui y en la sede colonial más conservadora, la Iglesia Católica, se le rindió homenaje, al mulato, al mambí, con honores de Capitán General. La trascendencia de estos hechos no solo demuestra la consolidación de los sentimientos nacionalistas del pueblo santiaguero en representación de la Isla, sino además evidencian el alcance de su ejemplo y sus valores.

Ernesto Guevara De La Serna, por su parte, nació en Argentina el 14 de junio de 1928. Recorrió muy joven parte de América Latina y se solidarizó con los reclamos de justicia social de los pueblos. En México, conoció a Fidel y se incorporó como médico en el Desembarco del Yate Granma.

Ascendió a Comandante y con ese mismo cargo dirigió la Columna 8 Ciro Redondo, logró la unidad en Las Villas. Dirigió la Batalla de Santa Clara. Por orden del Comandante Fidel Castro, el 2 de enero de 1959, ocupó sus fuerzas en la fortaleza de La Cabaña en La Habana. Fue declarado ciudadano cubano después del triunfo. Nombrado y ejerció como presidente del Banco Nacional de Cuba y como Ministro de Industrias. Representó a Cuba en varios eventos de organizaciones internacionales como la ONU (Organización de Naciones Unidas). Estudió de manera profunda temas económicos, la Teoría Marxista Leninista, la Historia Universal y el pensamiento filosófico y político del mundo y de América Latina, ello le permitió entender la política y conocer profundamente al imperialismo.

Transcurrieron ochenta y tres años para que un 14 de junio coincidiera el natalicio de Maceo y este otro paradigma: el Che, que amaba a América Latina, a Cuba y se sentía cubano, cuestión que demostró en diversos momentos y facetas.

Un rasgo común de estos dos hombres es su actuación genuina, su intransigencia revolucionaria, sus valores, así como el amor a sus hijos y a la familia.

Evidencias de ese amor las encontramos en cartas y mensajes enviados a amigos cercanos que muestran su preocupación por sus hijos y su confianza en el caso del Che, de que no dejaba nada material para sus hijos y no se apenaba, porque sabía que el Estado se preocuparía por ellos y, en particular, expresaba en la obra El socialismo y el Hombre en Cuba, que sus hijos deberían tener y carecer lo mismo que los hijos de los hombres comunes. El hijo de Antonio Maceo tras la muerte de este, fue apoyado económicamente por la Delegación del Partido Revolucionario Cubano radicada en Estados Unidos.

En los tiempos complejos en que vivimos, con limitaciones materiales, situaciones de salud asociadas a la pandemia mundial de la Covid-19, la réplica de sus variantes, eventos hidrometeorológicos asociados al cambio climático y sus secuelas – como el trascurrido en la región centro oriental de Cuba en este mes-, tener en nuestro imaginario a dos paradigmas de la talla de Antonio Maceo Grajales y Ernesto Guevara de la Serna (Che), nos fortalece. De ellos bebemos inspiramos para actuar de manera altruista en función del otro, respirando aires de solidaridad, de humanismo y crecernos como personas de bien. Esos son los aires que soplan en la Universidad de Granma. Por eso decimos que Maceo y el Che son paradigmas que nos inspiran y viven entre nosotros.

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