Asalto a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo: Surgimiento de la nueva vanguardia revolucionaria

Autora. MSc. Yudith Blaya Ramírez y Lic. Melissa Cuba Medina.

El 26 de julio de 1953, los jóvenes agrupados en el Movimiento y seleccionados para la acción atacaron el Cuartel Guillermo Moncada en Santiago de Cuba como objetivo principal. También se incluían los edificios cercanos: el Hospital Saturnino Lora y el Palacio de Justicia en la misma ciudad, además del Cuartel Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo.

Se trataba de un plan que contemplaba la toma de la segunda fortaleza militar de Cuba, cuya distancia de la capital demoraba la movilización de recursos centrales, y las instalaciones que podían apoyar la operación, incluyendo el cuartel de Bayamo para impedir el envío de refuerzos desde este punto de conexión con Santiago.

Para esta acción, contaban con la sorpresa como factor importante y la posibilidad de pasar inadvertidos en Santiago de Cuba, pues se desarrollaban los carnavales que atraían a muchas personas de todo el país. Una vez tomado el cuartel, se llamaría al pueblo por medio de la radio, con la lectura del Manifiesto del Moncada, escrito por el maestro y poeta Raúl Gómez García bajo la orientación de Fidel, en el que se exponía el programa inmediato de la revolución. La convocatoria incluía la insurrección popular y una huelga general.

Fidel Castro se fue convirtiendo en el centro de un grupo de jóvenes, muchos también salidos de la ortodoxia, identificados como Juventud del Centenario de Martí, quienes estructuraron un movimiento armado que utilizaría la vía armada.

Se concibió, entonces, el ataque al segundo cuartel militar de Cuba: el Guillermo Moncada, de Santiago de Cuba, con otras operaciones de apoyo en Santiago y en el cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. Esta acción debía convocar a la movilización popular y permitir armar al pueblo para una insurrección que culminara en una huelga general revolucionara. El ataque se produjo el 26 de julio de 1953. El manifiesto del Moncada (1953) establecía los objetivos de la lucha y la orientación ideológica martiana.

El cuartel no pudo tomarse. En los combates del día 26, los asaltantes tuvieron alrededor de ocho bajas, de ellos tres muertos, pero al producirse las detenciones fueron asesinados ochenta combatientes, incluyendo a Abel Santamaría (1927-1953), segundo jefe del “Movimiento”, nombre por el cual designaban a la organización. Durante el proceso judicial seguido a los “moncadistas”, Fidel Castro asumió su propia defensa y, en su alegato, definió los objetivos que perseguían, así como el programa inmediato, que resumió así:

El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concentrados los 6 puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política.

Entre las definiciones medulares de este documento, es necesario destacar la que se refiere a las fuerzas sociales capaces de participar en la solución revolucionaria, que preconiza y plantea una lucha nacional de base popular. Cuando se dice “Nosotros llamamos pueblo si de lucha se trata”, se están definiendo los sujetos sociales de la Revolución, que incluye a obreros, campesinos, profesionales, pequeños comerciantes, jóvenes que no encuentran empleo, en fin, los sectores populares capaces de “pelear con todo el coraje”.

El asalto al Moncada significó un salto cualitativo en la situación del país. Surgía una nueva fuerza, con una dirección nueva, portadora de una estrategia y un proyecto revolucionario en condiciones de atraer a las fuerzas nacionales en pos de su propia solución. Se abría una nueva etapa en la lucha revolucionaria. Las organizaciones fundamentales actuarían en un proceso de integración de los sectores populares dentro de sus filas, y plantearían objetivos nacionales democráticos, de transformación revolucionaria y justicia social, tras los cuales se convocaba a toda la sociedad.

Las acciones del 26 de julio de 1953 fracasaron en el plano militar por factores accidentales, pero tuvieron el valor histórico singular de ofrecer una esperanza al pueblo cubano al señalar el camino de la insurrección armada popular contra el brutal y reaccionario régimen tiránico que entonces lo oprimía, anunciar que había surgido una nueva vanguardia revolucionaria capaz de realizar los mayores sacrificios por lograr la emancipación plena del pueblo, y dotar a la lucha de un programa. Dichas acciones significaron por eso una extraordinaria victoria moral y política.

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