Por: MSC.Gretys Prada Matos

Cuba se caracteriza por tener como centro de interés al ser humano en la dinámica de los problemas sociales que le atañen. En ello las universidades funcionan como un microcosmos que regula y controla los comportamientos lingüísticos y comunicativos de los estudiantes.
La interacción social se rige por normas de convivencia sociales, pero también el lenguaje incorpora normas que regulan tal interacción. Desde la pragmática moderna, el estudio de estas normas pertenece a la llamada teoría de la cortesía.
Cuando se hace referencia al desarrollo cultural y social cubano emergen factores que inciden en el proceso de formación de la identidad social, donde el uso del lenguaje ocupa la primacía.
Indudablemente, aunque no pocas son los spots, programas televisivos y radiales donde se expone esta preocupación, persisten limitaciones en el uso de recursos de cortesía en nuestros jóvenes.
Para Marlen Domínguez, Doctora en Sociolingüística de la Universidad de La Habana, los jóvenes son los primeros en adoptar cambios en el uso de la lengua, ya sea por la edad, las modas, aficiones e intereses o grupos sociales con los que interactúen. Cuestión que ha de ser estudiada siempre con rigurosidad.
Cuba precisa cada día de jóvenes capacitados y comprometidos con los principios de la Revolución. De modo que la tarea de primer orden es la búsqueda de soluciones y alternativas que contribuyan al perfeccionamiento de sus modos de actuación y comportamientos. En ello la labor de los profesores reviste una importancia extraordinaria.
La noción de cortesía varía de una cultura a otra y contribuye a la formación de la identidad social. Por ello no manifestar deferencia con respecto a la imagen de la otra persona a través del buen trato y la amabilidad o imponer un punto de vista sin tener en cuenta la libertad de elección del interlocutor, puede originar malentendidos que afecten la comunicación interpersonal y social.
Los actos de habla directivos son algunos de los factores que dificultan la comunicación interpersonal y el cuidado de la imagen social. Por ello si no se emplean estrategias de cortesía atenuadora para mitigarlos, la descortesía impera en las interacciones comunicativas.
Las fórmulas de cortesía son muy importantes en la conversación. En las diferentes sociedades las personas utilizan en mayor o menor medida la cortesía para mantener una conversación cotidiana exitosa, pues el mundo moderno requiere de personas competentes y sobre todo corteses.
Al definir la cortesía se habla de consideración, respeto, atención, buenas maneras, deferencia en relación con otras personas, pero es, muy de acuerdo con Álvarez (2005), un mecanismo para evitar conflictos comunicativos.
Lakoff en su trabajo “The Logic of Politeness” (1973) (La lógica de la cortesía), propone dos reglas fundamentales para el desarrollo del discurso:
- Sea claro que equivale al principio de cooperación.
- Sea cortés que expresa las exigencias de la relación interpersonal. Dentro de esta regla la cortesía se manifiesta, a su vez, de tres formas diferentes:
- No se imponga, es decir, el comportamiento lingüístico del hablante no debe ofrecer una impresión autoritaria sobre sus interlocutores.
- Ofrezca opciones, se busca que el oyente tome sus propias decisiones acerca de posibles interpretaciones de los mensajes.
- Refuerce los lazos de camaradería, es decir, se intenta incluir al interlocutor, de forma amigable, en la conversación reforzando el grado de empatía y solidaridad.
Las premisas definidas por Lakoff, constituyen máximas conversacionales que todo individuo debe poner en práctica, especialmente aquellos implicados en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Si bien hablar es expresar el pensamiento por medio de la palabra y constituye el acto de comunicación humana por excelencia, en ocasiones algunos estudiantes universitarios no tienen en cuenta recursos de atenuación cortés para el desarrollo armónico de la conversación. De manera que emplean en demasía el modo imperativo que suele asociarse con el autoritarismo o enfado.
De acuerdo con los criterios de Henk Haverkate (1994), los actos de habla directivos son descorteses porque amenazan el derecho del individuo para actuar autónomamente. Entre ellos se encuentran, el ruego, la súplica, las peticiones, el mandato, el consejo, la recomendación y la instrucción.
“Todo adulto competente tiene una imagen negativa, el deseo de que no se le imponga lo que debe hacer, y una imagen positiva, el deseo de que sus deseos y valoraciones sean considerados” (Gil 2005 Apud. Brown y Levinson 1978, 1987)
Atenuar actos de habla impositivos, directos, que suelen asociarse con la idea de autoritarismo o enfado, es también una manera de expresar la cortesía. Una petición, un consejo, una orden, una recomendación, bien atenuadas cuidan la imagen del oyente en la interacción y favorecen su competencia comunicativa.
“Los atenuantes son estrategias, movimientos tácticos para ganar en la conversación, minimizadores del decir o de lo dicho y del desacuerdo, ya sea en el plano local en algunas de las intervenciones e intercambios o en el plano global de la conversación”. Briz (1995)
Dentro de los principales recursos atenuadores que se emplean en el discurso coloquial para mitigar los efectos negativos de los de actos de habla directivos (Prada, 2012), figuran:
- El uso de verbos performativos que expresan, la intención o el punto de vista de la persona que habla, como por ejemplo: creer y pensar.
- La presencia del modo subjuntivo que expresa distancia interpersonal y modifica la fuerza ilocutiva del acto de habla directivo.
- El empleo del verbo en pospretérito cuyo contenido hipotético atenúa el acto de habla directivo.
- El uso del si condicional en oraciones subordinadas condicionales que plantea una condición para la realización de la acción. Su uso en un consejo da la posibilidad al hablante de no aconsejar de forma directa, sino que le permite al oyente reflexionar sobre sí mismo a partir de la condición planteada por el que da el consejo.
- El uso de diminutivos como -ito y el empleo de algunos adverbios cuantificadores como poco.
- La presencia de la justificación de la petición y del consejo para que el oyente se convenza de la necesidad del hablante de efectuar el acto de habla.
- El uso de la petición indirecta en forma de pregunta.
De este modo, la atenuación es una estrategia conversacional destinada a evitar conflictos y favorecer las relaciones interpersonales.
Es evidente que las aulas son espacios culturales que reflejan los hábitos de los profesores y estudiantes, quienes accionan sus respectivos roles mediante el uso de la palabra. En efecto, en estos contextos el lenguaje es una herramienta que se sustenta en el discurso oral para facilitar las metas didácticas que el profesor se ha fijado.
Del conjunto de normas que rigen la actividad escolar, la cortesía se normativiza en la sociedad y en la lengua. El profesor la emplea en el aula para incidir en el comportamiento de los estudiantes, asumir el control permanente y la cooperación de los mismos en la construcción del conocimiento. Se emplean palabras corteses para saludar, agradecer, pedir permiso, solicitar ayuda, para felicitar y en las despedidas.
En este sentido, la misión esencial del profesor es hacer que los estudiantes tomen conciencia de la necesidad de emplear no solo cortesía normativa a través de un saludo, una despedida, un agradecimiento, unas disculpas o al pedir permiso, sino también la cortesía atenuadora de actos de habla directivos que atentan contra la imagen del individuo en la interacción y que limitan la eficiencia comunicativa y el desarrollo de mejores relaciones interpersonales.
Por ello, se precisa que los estudiantes universitarios empleen más a menudo recursos atenuadores. Los profesores han de hacer valer la aplicación de recursos atenuadores en función de una mayor competencia comunicativa y sociocultural en los futuros profesionales.