Por: Rafael Cristo. Coach.

En el mundo de la Educación Superior, la búsqueda de un rendimiento óptimo es una constante en la vida de los estudiantes universitarios. La Universidad, con sus desafíos académicos y personales, puede ser un periodo emocionante, pero también desafiante en la vida de cualquier persona. Las clases, los exámenes, las responsabilidades extracurriculares y la transición a la vida independiente pueden generar una montaña rusa de emociones que a menudo parecen difíciles de controlar. Por lo cual, desarrollar durante esta etapa la gestión efectiva de las emociones es una habilidad esencial que no solo mejora el bienestar general, sino que también influye de manera significativa en el éxito académico.
En este artículo, exploraremos cómo gestionar las emociones para alcanzar un rendimiento óptimo en la Universidad. Abordaremos este tema desde una perspectiva práctica, proporcionando estrategias y consejos que los estudiantes pueden incorporar fácilmente en sus vidas diarias.
La conexión entre las emociones y el rendimiento académico
En primer lugar, es fundamental comprender la estrecha relación que existe entre nuestras emociones y nuestro rendimiento académico. Nuestras emociones, como hemos visto en otros artículos, no son simples acompañantes de nuestra vida universitaria, son poderosas influencias que pueden afectar nuestra capacidad para concentrarnos, retener información y tomar decisiones informadas. Cuando nos sentimos abrumados por el estrés, por ejemplo, nuestra capacidad cognitiva disminuye, dificultando la asimilación de nuevos conocimientos. Del mismo modo, la ansiedad puede obstaculizar nuestro desempeño en los exámenes, y la falta de motivación puede llevarnos a procrastinar en nuestras tareas académicas.
Sin embargo, cuando adquirimos las herramientas y desarrollamos las habilidades requeridas para gestionar de manera adecuada el torrente de emociones, sensaciones y juicios que inundan nuestra mente en esta etapa, podemos convertirlas en aliadas para potenciar nuestros resultados, en lugar de obstáculos que nos limitan.
Estrategias para la gestión emocional
A continuación, presentamos algunas estrategias prácticas para gestionar nuestras emociones y optimizar nuestro rendimiento en la etapa universitaria:
Autoconciencia emocional: El primer paso hacia la gestión efectiva de las emociones es reconocer lo que sentimos. Tomarse el tiempo para identificar y etiquetar de manera honesta nuestras emociones en cada situación, nos permite un punto de partida sólido para poder abordarlas de manera más constructiva.
Unas preguntas que pudieran aclarar lo que sientes son las siguientes:
¿Para que estoy sintiendo esto? ¿Qué mensaje me está dando mi mente y mi cuerpo a través de estas sensaciones?
Técnicas de relajación y respiración: La práctica de la relajación, la meditación y la respiración profunda puede ayudar a reducir el estrés y la ansiedad en momentos de estados emocionales alterados, mejorando nuestra capacidad para concentrarnos y tomar decisiones. Cuando te encuentres en medio de una situación que sobrepasa tu capacidad para mantenerte ecuánime, puedes incorporar como una competencia consciente un sencillo ejercicio de respiración profunda: sencillamente puedes llenar tus pulmones hasta la máxima capacidad y exhalar completamente, de una manera lenta, muy profunda y lo repites unas 3 a 5 veces.
La respiración profunda está relacionada con la activación del sistema nervioso parasimpático, que es la parte del sistema nervioso autónomo encargada de promover la relajación y la recuperación. Cuando realizamos respiraciones profundas y lentas, estimulamos la respuesta del organismo que conlleva a una disminución de la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Esto ayuda a contrarrestar los efectos del estrés, como la aceleración del ritmo cardíaco y la tensión arterial elevada, y crea un estado de calma propicio para la toma de decisiones racionales. Además, varios estudios han demostrado que la práctica regular de la respiración profunda aumenta la actividad de la amígdala prefrontal, una región del cerebro involucrada en la regulación de las emociones, lo que contribuye a la reducción de la ansiedad.
La respiración profunda también aumenta el flujo de oxígeno hacia el cerebro esto mejora la función cerebral y la claridad mental, lo que es esencial para tomar decisiones informadas y lidiar con situaciones estresantes de manera efectiva.
Apoyo social: Compartir nuestras preocupaciones, sensaciones y emociones con parejas, amigos, familiares o algún profesor, puede aliviar la carga emocional y proporcionar perspectivas valiosas. Desde la Integración Bioemocional, se entiende que cuando reprimimos y vivimos en soledad, las emociones que sobrepasan la capacidad de nuestra mente para darle solución a eso que sentimos, comienzan a somatizar en el cuerpo, en forma de síntoma físico, esa respuesta de nuestro cerebro, que en determinados momentos, en función de la intensidad de eso que se vive, puede desencadenar en alguna enfermedad. De modo que aliviar, soltar y comunicar eso que nos preocupa, que nos afecta en cada momento, sin lugar a dudas nos mantendrá, saludables física, mental y emocionalmente y con mayor coherencia para hacer frente a esos desafíos cotidianos.
Establecer metas y motivación intrínseca: Tener objetivos claros y una razón personal para alcanzarlos puede impulsar la motivación y el compromiso con el trabajo académico. Sobran los ejemplos en nuestra vida que nos demuestran que cuando la motivación es poderosa la mayoría de los obstáculos se diluyen ante nuestro avance. Seguro recuerdas esa anécdota graciosa de algún amigo, conocido o familiar al que le perseguía algún animal y en una respuesta instintiva de supervivencia, echó a correr y dio un salto enorme hacia algún árbol para escapar del peligro, y luego del susto inicial, no logra explicar de que manera pudo saltar tan alto o correr tan rápido. Y es que si somos capaces de clarificar nuestros objetivos, metas, propósitos y ponerlos en el mismo orden de intensidad o prioridad de ese peligro que nos amenaza, no tengo dudas de que no existirá dificultad o situación por muy compleja que pueda percibirse inicialmente, que no logremos superar.
Gestionar nuestras emociones de manera efectiva en el contexto universitario es esencial para alcanzar un rendimiento óptimo. Al entender cómo nuestras emociones influyen en nuestro desempeño académico y al aplicar estrategias prácticas para gestionarlas, podemos aprovechar al máximo nuestro paso por esta etapa. La Universidad es un periodo de crecimiento personal y académico, y aprender a trabajar con nuestras emociones nos capacita para enfrentar los desafíos con confianza y éxito. Así que, ¡adelante! Utiliza estas estrategias y descubre el poder de las emociones en tu camino hacia el éxito académico y personal.
Me gustaría saber qué opinas al respecto, si utilizas alguna otra técnica de gestión emocional. Espero que te sea de utilidad toda esta información y me despido hasta la próxima.