Fidel: un líder sin igual

Por: MSc. Gretys Prada Matos

Gozar del privilegio de la libertad e independencia, de la paz, de la justicia social, de la igualdad ante la ley, del derecho a la vida, a la salud, la educación, al trabajo y la seguridad social, al adelanto de la mujer, a la no discriminación y la igualdad de género, el acceso a la información, a los derechos culturales, al arte, la cultura, la protección de la salud sexual y reproductiva, así como la protección de las personas discapacitadas, ha sido posible gracias a Fidel.

Nuestro ADN rebelde, nuestro heroísmo, nuestra dignidad, nuestra integridad, nuestro antimperialismo, nuestra solidaridad, internacionalismo y humanismo se deben a los valores inculcados por nuestro máximo líder, sedimentados desde nuestro Apóstol José Martí y nuestro Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes en defensa de nuestra identidad, nuestro amor patrio, nuestra libertad, igualdad e independencia.

Nuestro Comandante supo levantar la Revolución con la fuerza de estas ideas y con la convicción profunda de defenderla para el pueblo y por el pueblo al precio de cualquier sacrificio.

Su liderazgo emerge al conquistar y mantener con su propias manos la libertad, arrebatada por gobiernos serviles al imperialismo yanqui, al eliminar el analfabetismo, al repartir tierras a los campesinos, al eliminar la pobreza extrema y las desigualdades generadas por gobiernos oligarcas y pro imperiales.

Con su ejemplo sembró el orgullo de ser cubanos. Contribuyó a cimentar las bases de nuestra identidad, de nuestra hidalguía, de nuestras tradiciones y de nuestra cubanía. Sembró y cosechó dignidad, resiliencia y amor patrio en nuestra gente.

Fidel preconizó la unidad de las fuerzas revolucionarias, la unidad del pueblo y la institucionalidad revolucionaria desde el poder de un partido único, nuestro Partido Comunista de Cuba, en detrimento de la división de poderes, representativo de la burguesía imperial. Su lucha en torno a la unidad es significativa en la defensa de nuestras conquistas revolucionarias y es nuestro mayor escudo contra el imperio.

Con su liderazgo cimentó nuestro antimperialismo, nuestro intransigencia revolucionaria, nuestra solidaridad y latinoamericanismo. Así lo demostró en disímiles ocasiones en las que ofreció ayuda solidaria a los países del mundo, tanto en guerras por la independencia, contra el apartheid, el colonialismo y el imperialismo en Angola Guinea Bissau, Zimbabue, Mozambique, Argelia, Vietnam, contra el anexionismo externo en Etiopía, República Dominicana, ante catástrofes nucleares como la de Chernobyl, ante fenómenos meteorológicos, la epidemia del Ébola en África occidental y asistencia médica con más de 605 mil 698 trabajadores cubanos de la salud en 165 países del mundo.

La guerra por la independencia de Angola y contra el apartheid en el continente africano, fue muestra del liderazgo militar de nuestro Comandante, de la fortaleza de la Fuerzas Armadas Revolucionarias y de la solidaridad de la Revolución Cubana. De Fidel y los cubanos diría Nelson Mandela en 1998:

“Los cubanos nos facilitaron tanto recursos como instrucción para luchar y ganar. Soy un hombre leal y jamás olvidaré que en los momentos más sombríos de nuestra patria, en la lucha contra el apartheid, Fidel Castro estuvo a nuestro lado”.

Una parte importante del éxito que exhibe hoy la biotecnología cubana, se debe al liderazgo y la visión estratégica de Fidel Castro, que unido a la sapiencia de nuestros científicos y la fortaleza de nuestro Sistema Nacional de Salud, posibilitó el enfrentamiento efectivo contra una pandemia mundial como la COVID-19, que generó tantísimas muertes en el mundo.

Medicamentos únicos de su tipo en el mundo, como el Heberprot-P, la vacuna CIMAVAX contra el cáncer de pulmón, así como la creación de terapias para el tratamiento de enfermedades del Sistema Nervioso Central, el cáncer, la hepatitis B o la meningoencefalitis, han convertido a Cuba en una potencia mundial, gracias a la dirección de nuestro Comandante en Jefe con la creación del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).

Su liderazgo fue crucial en el apoyo a la lucha por la integración de América Latina y el Caribe, a la unidad de los movimientos progresistas de izquierda en el mundo y su denuncia a la injerencia norteamericana, al neoliberalismo, impulsados por la OEA, el ALCA y el TLC.

Desde la Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (ALBA) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), lideró junto a Chávez la integración de nuestra América en torno a la unidad, como bien dijo” nuestra mejor táctica y estrategia para la victoria!”.

No cejó en su guía y orientación al pueblo de que “nuestra tarea es unir, dentro y fuera; eliminar todo lo que nos divida, dentro y fuera; luchar por todo lo que nos una, dentro y fuera. ¡La unidad dentro de los principios, esa es nuestra línea”.

Con su estrategia de desarrollar la lucha armada, Fidel consolidó la unidad entre las diversas fuerzas revolucionarias. Su táctica y estrategia de combate, su previsión y sabiduría política, lo hicieron ganador no solo en Girón, sino en todos los frentes. El pueblo de Cuba es Fidel, el pueblo de Cuba es nuestro Ejército, en el corazón de cada cubano digno late con vigor la consigna: ¡Patria o muerte, venceremos!

La creación de los CDR, es uno de los grandes logros de Fidel, un arma vital de la Revolución para preservar la Patria, la Revolución y las conquistas del socialismo, donde cada cubano desde el barrio y la comunidad, se convierte en un soldado de la patria.

“De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace, ganémosla a pensamiento”. La Batalla de Ideas, protagonizada por nuestro Comandante y nuestro pueblo por el regreso del niño Elián González y de los Cinco Héroes, materializó esta frase martiana y fue una de sus grandes victorias, celebradas con intensa emoción.

A través de sus innumerables discursos de denuncia al imperialismo yanqui, afianzó el espíritu patriota de los cubanos, su máximo legado. Como dijera ante la Primera Plenaria Estudiantil de Jóvenes Rebeldes (1961): “la batalla ideológica ha entrado en su punto más álgido; pero esa batalla no hay que ganarla solamente en teorías, no hay que ganarla solamente con convicción filosófica; hay que ganarla con realidades, hay que ganarla con hechos, hay que ganarla en la práctica, hay que ganarla día a día, hora a hora, minuto a minuto, en cada frente de nuestro trabajo, en cada tarea de cada día, superando nuestras deficiencias, superando nuestros métodos, haciendo cada vez más eficaz y más creador el esfuerzo revolucionario”.

Con su humildad y su amor por los desfavorecidos del planeta, alertó de los grandes peligros para la humanidad, entre ellos el peligro de destrucción del medio ambiente por estilos de vida y hábitos de consumo, el peligro del fascismo y de los conflictos nucleares entre grandes potencias y el hegemonismo imperial.

En reiterados momentos denunció ante la ONU la doble moral de los EE.UU, de dividir y vencer y su injerencia en los asuntos internos de las naciones. Su amplitud de miras lo hizo avisorar los peligros del “aldeano vanidoso que cree que el mundo entero es su aldea”, los Estados Unidos de América.

Su sensibilidad y humanismo al tocar con el corazón los problemas de la gente, cuando realizó largas jornadas en los cortes de cañas, como un ciudadano más, o cuando se situó al frente del rescate de las victimas del ciclón Flora, son muestras de su liderazgo y de la resiliencia que sembró en los cubanos, el entusiasmo de luchar por nuestras metas a pesar de lo abrupto del camino.

El mayor homenaje que puede hacer la juventud cubana a nuestro Comandante es mantener vivo su legado, transmitirlo a las nuevas generaciones y responder con espíritu patriótico y amplitud de miras ante los peligros que hoy asechan a la humanidad.

La ética fidelista es referente para las nuevas generaciones, su capacidad para inspirar, su empatía con el pueblo, su capacidad de aunar voluntades, su sagacidad para vencer obstáculos y ganar, son expresión de su genio, de la fortaleza de su espíritu y de su virtud como gran líder.

Defender nuestra tierra, nuestra Patria, significa asumir el liderazgo de nuestro Máximo Líder, siendo conscientes del rol que a cada uno le corresponde para seguir llevando adelante la lucha por la verdad de las ideas y la justicia.

A todos los cubanos nos une el liderazgo de Fidel, nuestra identidad, nuestra historia, nuestra rebeldía, nuestra sed de justicia social desde el alzamiento de Céspedes en 1868, desde la guerra protagonizada por Martí en 1895, desde el Asalto al Moncada en 1953 hasta la victoria definitiva el 1 de enero de 1959 y que llevamos adelante con 66 años del triunfo de la Revolución.

Ante los peligros que hoy asechan a la humanidad: tendencias neofascistas, guerras culturales, peligro de conflicto nuclear, crisis económicas, daños al medio ambiente, pandemias, donde el imperialismo incide en su afán hegemonista, es preciso luchar unidos y mantener el pie en el estribo como nos enseñó el Comandante.

Su legado se ha cimentado en la consciencia de cada cubano que defiende con fervor la Revolución, en cada cubano que resiste a pesar de las dificultades y que lucha por mantener vivas nuestras conquistas, nuestra libertad e independencia, en cada cubano que está seguro y convencido del valor de lo que tiene, por encima de cualquier interés material; que no renuncia jamás a los ideales de justicia plena y se enfoca en un futuro con todos y para el bien de todos, como quería nuestro Comandante. Somos Cuba, somos Fidel.

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