Por: MSc. Gretys Prada Matos

Se entiende por educación formal, el aprendizaje ofrecido normalmente por un centro de educación o formación, con carácter estructurado y según objetivos didácticos. El aprendizaje formal es intencional desde la perspectiva del alumno, pero esta no solo se aprende en las escuelas, sino que tiene su génesis en la familia, a través de la interacción con los padres y demás miembros. Educar con el ejemplo es la mejor manera de instaurar normas de educación formal.
Los hábitos y normas de educación formal son trasmitidos de generación en generación. Esta transferencia de patrones inicia en la familia y se refuerza en la escuela y otros contextos formales. Las normas constituyen modos de actuar, formas de cortesía y respeto, manifestaciones de la cultura que se han asentado sólidamente en nuestra conducta.
Como dijera nuestro Apóstol José Martí: “El pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos en la instrucción del pensamiento y en la educación de los sentimientos.” Esta idea se preconiza en la medida en que formemos valores humanos y normas adecuadas de comportamiento ciudadano en las nuevas generaciones.
La adecuada organización de las influencias educativas y una correcta planificación de las distintas actividades sociales con los jóvenes, resultan esenciales para la formación de hábitos, la creación de actitudes, el desarrollo de sentimientos de simpatía y consideración.
De ahí que es preciso aplicar algunas normas para el desarrollo de una conversación exitosa. Entre ellas:
- Hablar correctamente, con adecuada pronunciación, articulación de las palabras y la claridad.
- Al conversar no es correcto acercarse demasiado al interlocutor. Es importante tener en cuenta la proxémica individual y social.
- No es adecuado excederse en el uso de la gestualidad o hacer movimientos exagerados. Por lo que el uso correcto de la kinésica es primordial para un buen desarrollo de la comunicación.
- No se debe abandonar la conversación sin solicitar y obtener permiso.
- Se debe evitar actitudes poco respetuosas cuando alguien nos habla, como desviar la vista, mirar el reloj insistentemente, leer, escribir, cambiar sonrisas o señas con otros.
- Cuando conversamos en colectivo, mientras una persona habla, las demás deben atender.
- Se debe evitar en todo momento interrumpir a la persona que habla. Si estamos en desacuerdo con lo planteado, se debe esperar paciente el turno para hablar.
- Cuando la necesidad de interrumpir sea necesaria, se debe hacer con delicadeza, y la persona debe disculparse en todos los casos.
- Se han de dominar los arrebatos de ira. Educar el carácter es parte esencial de la educación.
- La atención al que habla y el respeto a todos los presentes se manifiesta a través de la postura adoptada en el asiento. Si nuestra cabeza cuelga o está recostada, si hacemos vagar la vista, y nos balanceamos, daremos una demostración de poco interés y de falta de educación.
Nuestro Apóstol José Martí enfatizó en la diferencia entre ser un pueblo instruido y educado, cuando dijo: “…Instrucción no es lo mismo que educación: aquella se refiere al pensamiento, y esta principalmente a los sentimientos. Sin embargo, no hay una buena educación sin instrucción.” En este sentido afirmó:
“Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente hasta el día en que vive: es ponerlo al nivel de su tiempo: es prepararlo para la vida.”
José Martí precisó también que la educación no sólo es una responsabilidad de las instituciones docentes, sino que todos los ciudadanos pueden y tienen el deber de propiciar el desarrollo de la enseñanza como elemental compensación a la que habían recibido. Por ello plantea:
“Al venir a la tierra, todo hombre tiene derecho a que se le eduque, y después en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás.”
Cuando nuestra sociedad hoy vive momentos desafiantes con el uso desmedido de las tecnologías y el internet por parte de los jóvenes, es crucial seguir insistiendo desde las universidades en la intención formativa a través de la instrucción y educación de las nuevas generaciones. Se debe contribuir a la formación en valores desde el barrio, la escuela y la comunidad. Nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, fiel defensor de la Educación Cubana, apuntó:
“Para mí educar es sembrar valores, inculcar y desarrollar sentimientos, transformar a las criaturas que vienen al mundo con imperativos de la naturaleza, muchas veces contradictorios con las virtudes que más apreciamos, como solidaridad, desprendimiento, valentía, fraternidad y otras. Educar es hacer prevalecer en la especie humana la conciencia por encima de los instintos”
Y en la clausura del Congreso Pedagogía 2003, planteó la siguiente reflexión en torno a la educación:
“Siempre he pensado que la educación es una de las más nobles y humanas tareas a las que alguien puede dedicar su vida. Sin ella no hay ciencia, ni arte, ni letras; no hay ni habría hoy producción ni economía, salud ni bienestar, calidad de vida, ni recreación, autoestima, ni reconocimiento social posible.
Reflexionemos sobre este tema de crecimiento para todos, luchemos en contra de la chabacanería, el mal gusto, la indecencia, el irrespeto, la falta de cortesía y en sentido general, la falta de valores. Seamos un pueblo de hombres instruidos y educados. Prediquemos la frase martiana: “Ser culto es el único modo de ser libre”.