La espada que levantó Martí

Por: Dr.C. Pedro Ángel Castro Contreras y MSc Alina González Rodríguez.

El 24 de febrero es una fecha de gran significación martiana, ya que marca el comienzo en 1895, de la “guerra necesaria, humanitaria y breve” que organizó y convocó el Apóstol para alcanzar la ansiada independencia del dominio español. Refiriéndose a lo sucedido en la guerra del 68, Martí afirmó: ” Nuestra espada no nos la quitó nadie de la mano, sino que la dejamos caer nosotros mismos ” Aludía así a las divisiones y pugnas entre los patriotas que condujeron al fracaso de aquel esfuerzo heroico mantenido durante diez años.

Enfrentando las frustraciones y el desánimo que dejó aquella primera contienda, Martí comprendió que la nueva guerra había que dirigirla de otro modo. Cuba, después del Pacto del Zanjón y la denominada Guerra Chiquita, ya no fue la misma; los más de diez años de lucha, otorgaron a los patriotas cubanos, madurez, seguridad en sí mismos. Además, el ideal independentista seguía latente y fortalecido, sobre esa fuerza trabajaron los continuadores.

Para ello, Martí concibió y organizó el Partido Revolucionario Cubano, eficaz instrumento para forjar la necesaria e imprescindible unidad y para dirigir la guerra con criterio político. Ese Partido, constituido en las filas de la emigración en los Estados Unidos primero, y con representación más tarde, en nuestro país, se propuso alcanzar no sólo la independencia de Cuba, sino también la de Puerto Rico. Por tanto, desde sus inicios el objetivo esencial de la Revolución Cubana no obedece, exclusivamente, a intereses locales ni se reduce a objetivos nacionales; la Revolución cubana es un suceso de interés y connotación universales.

Consagrado por entero a la causa de la independencia, en el seno del imperialismo naciente, vislumbró, los peligros que se avecinaban para alcanzarla y venciendo incomprensiones y reveses, firmó junto a Mayía Rodríguez, como representante personal del Mayor General Máximo Gómez, nombrado por Martí, Jefe del nuevo Ejército Libertador, y a Enrique Collazo, representante de la Junta Revolucionaria de La Habana, la orden de alzamiento para Cuba, el 29 de enero de 1895, en Nueva York. Esa orden plasmaba que el alzamiento se haría con la mayor simultaneidad posible en la segunda mitad del mes de febrero y no antes, fue dirigida a Juan Gualberto Gómez como representante de Martí en Cuba. Fue precisamente en esa reunión de los jefes que habrían de encabezar el alzamiento en Occidente y acordaron la fecha del 24 de febrero, aceptada también por los jefes de la región oriental y de Las Villas. El Camagüey se comprometió a secundarlo después de iniciado.

El cable de Juan Gualberto a Martí, confirmándole la conclusión del periodo preparatorio con el texto “Giros aceptados ” recuerda mucho al enviado por Fidel a Duque de Estrada en Santiago de Cuba, con ” obra agotada”, para el alzamiento del 30 de noviembre de 1956, en apoyo al desembarco de los expedicionarios del Yate Granma.

A 128 años de aquel 24 de febrero de 1895, podemos extraer algunas enseñanzas para el presente y el porvenir: recordemos que la existencia y fortaleza de la nación cubana ha estado siempre fundamentada en la unidad política del pueblo trabajador. Nuestro país, desde el proceso de gestación de la nación y en su recorrido hasta nuestros días, tuvo que enfrentarse a las más diversas y complejas contradicciones internacionales.

Dos hombres hicieron posible la unidad nacional: José Martí, en el siglo XIX la hizo cristalizar, y Fidel Castro, al evitar que ” el Apóstol muriera en el año de su centenario”. En los próximos años, la perdurabilidad y fortaleza de la nación tiene que tener como garantía, la unidad alcanzada hasta aquí, con su sangre, trabajo, inteligencia y cultura.

En los próximos años, la perdurabilidad y fortaleza de nuestra nación, tiene que tener la unidad alcanzada hasta aquí, la cual se ha nutrido de ideas, sentimientos que sucesivas generaciones de cubanos fueron tejiendo con sangre, inteligencia y cultura a lo largo de la historia.

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