La Luz de Yara, hermosa leyenda del Oriente Cubano

Por: MsC. José Pedro Salgado Hernández

La Luz de Yara se encuentra entre las leyendas más hermosas y antiguas de la cultura cubana. Una de las principales hipótesis sobre su origen se remonta a los inicios del siglo XVI, cuando el valeroso Cacique Hatuey fue quemado vivo en la hoguera el 2 de febrero de 1512, cerca de un río grande y muy bueno que se nombra Yara. Diego Velázquez, autor directo del crimen y fundador de la II Villa de Cuba el 5 de noviembre de 1513, lo ilustró en su Carta de Relación fechada el 1 de abril de 1514 al Rey Fernando V de España.

Rousseau en el libro Oriente, destaca que mientras el aborigen rebelde se consumía en la pira del fuego que calcinó su cuerpo, se desprendió una llama en forma esférica que tomó altura hasta perderse en el firmamento. La luz retornó según la tradición, vagando errante en las noches por las zonas periféricas de Yara y muchos lugares del oriente cubano, sorprendiendo a muchos que se aventuran en transitar por lugares apartados.

Ya desde la segunda mitad del siglo XIX en medio de la Guerra de los Diez Años, la tradición de la leyenda era un hecho, al extremo que un regimiento mambí, llevó por nombre “Luz de Yara”. En el desarrollo de la campaña invasora, esos patriotas cubanos entonaban un himno de combate que decía. ″ ¡Oh, villareños! la luz de Yara / brilla anunciando la libertad, / en las llanuras de Villa Clara / y en las colinas de Trinidad.

Ese canto guerrero fue escrito en 1874 por el cienfueguero Antonio Hurtado del Valle, un poeta de la guerra que usó como seudónimo “El hijo de Damují”. Más tarde en 1918 se publica un artículo del abogado, periodista, poeta y escritor Luis Victoriano Betancourt Salgado, titulado “La Luz de Yara” y en él resalta: “Una noche la luz errante se detuvo sobre el mismo sitio en que se había alzado la hoguera de Hatuey. Era la Luz de Yara, que iba a cumplir su venganza″.

Sus orígenes y características enigmáticas trascienden en el tiempo, razones que han incentivado en la actualidad, a muchos visitantes nacionales y foráneos, el conocimiento de los pormenores de ese componente de la cultura inmaterial cubana. De ellos se recuerdan dos jóvenes de Dinamarca, Irene Sartore y Mateo Zocca, maestros de Puerto Rico, y a un representante del MINREX que investiga los objetos volantes no identificados (OVNI).

Todos los interesados cuando llegan a Yara, se muestran ávidos por conocer las características de la imponente luz, que se presenta cuando nadie la espera y que es una leyenda viva donde se mezcla lo mítico y lo real; viva porque a decenas de personas se le ha presentado en años recientes y varios de ellos han dejado testimonios sorprendentes que se relacionarán a continuación.

Hace alrededor de 10 años una periodista de Radio Reloj Grethel Heredia Viltres, escribió un artículo titulado La Luz de Yara, en ella narra cómo dos campesinos que por la noche iban de Yara para Guasimilla, en medio del camino encontraron la luz. Atemorizados continuaron el camino pero ella iba delante de ellos sin abandonarlos, hasta que uno de ellos le dio un machetazo que la hizo dos, las dos luces entonces los acompañaron hasta Guasimilla.

En la década de 1960 se daba un episodio por radio, Leonardo Moncada en horario de la noche. Para escucharlo Amado Hernández Suárez y su primo un poco menor Joaquín Moreno Hernández, de los Copales, tenían que cruzar el palmar de los Sotolongo con el fin de llegar a San José donde existía un radio. Su sorpresa fue grande cuando de regreso, una luz le cortó el camino y su tamaño aumentó como un sol que se posó en la cabeza de Amado, él se mantuvo rígido, mientras la luz lo iluminó todo por un rato, hasta que se desprendió y se colgó en lo alto de una palma, Joaquín se tiró al suelo a llorar y casi desmayado renunció a Moncada. Él se aterró con la Luz de Yara.

Según otro testimonio, más tarde en el año 1970 un campesino muy nervioso, de Juana, llegó al internado de San Lorenzo cerca de Minas de Frío, a pedirle al director que lo auxiliara con doce estudiantes, para trasladar hasta las Mercedes, en una hamaca, a su esposa que se moría por varias mordidas de un perro. La misión fue difícil pero el desconcierto y el miedo se apoderaron del grupo al retornar extenuados por la Loma de Gabiro. Allí estaba La luz de Yara que se movía y escalaba por un enorme barranco intransitable para cualquier ser humano.

En el año 1992 un ómnibus lleno de pasajeros que cubría la ruta Bartolomé Masó-Bayamo por la carretera nueva, en el atardecer antes de llegar a Bueycito por las inmediaciones de los Copales, se le prendió una luz en el espejo retrovisor del ómnibus. El nerviosismo dominó a todos, no podían hablar, un policía quiso dispararle, pero no se le permitió. La mayoría de ellos fueron entrevistados en Bayamo por Maricela Presa para el programa radial, La Última.

En el 2002 Dora Hernández Suárez y su nieto el ingeniero mecánico Yordán Salgado Jorge de visita en San José, quedaron desconcertados y se cubrieron los ojos cuando ya anochecía y vieron frente a ellos en la sabana a la imponente Luz de Yara. Esta se levantó y bajó al camino Real de Cujabo a Palmarito, allí perdió a un vecino que pasaba en ese momento por el arroyo.

En esencia y en forma conclusiva se debe destacar que la Luz de Yara, presenta características que le son inherentes, en primer lugar no quema, no hace daño, el que la ve, aunque le teme la sigue involuntariamente hasta que se pierde, transforma el entorno y sale cuando nadie la espera.

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