Por: MS.c Danays González Labrada.

Julio Antonio Mella Mc Partland fue un periodista, dirigente estudiantil y revolucionario comunista cubano asesinado en Ciudad de México, fue uno de los fundadores y principales líderes del Partido Socialista Popular. Corta vida cargada de grandes responsabilidades y logros como líder ante sus compañeros. Fundó la revista Alma Mater, de la cual era administrador y uno de los principales redactores. Firmaba sus artículos con el seudónimo de Lord Mc Partland. En diciembre de 1922 se funda la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). A propuesta suya, se decide en marzo de 1923 celebrar el Primer Congreso Nacional de Estudiantes. Entre los más significativos acuerdos de este congreso está la creación de la Universidad Popular José Martí. Fue tanto en su activismo político que en 1926 es expulsado de la Universidad. Posteriormente se exilia en México, donde constituye la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC).
Para este entonces, el gobierno de Gerardo Machado ordenó a la policía secreta vigilar las actividades de la Universidad José Martí, a la cual calificó de «peligroso foco de propaganda comunista»; dicha policía allanó los locales universitarios, requisando los libros y procesando a los profesores, en su gran mayoría estudiantes universitarios.
Para el Campus Blas Roca de la Universidad de Granma el 10 de enero es día de recordación. Estudiantes y profesores de la institución evocaron el legado del líder estudiantil al cumplirse 94 años de su desaparición física.
Las flores a su busto no pudieron faltar. Una exposición de libros entre los que se presentaron “Así mi corazón. Apuntes biográficos sobre Julio Antonio Mella” de Adys Cupull y Froilán González de la Editorial Abril. Acompañaron a nuestros estudiantes la decana de la Facultad Educación Básica Dr.C Yumila Pupo Cejas y de la Facultad Educación Media el Dr. C Emilio Barbán.



Como todos los grandes líderes, Mella fue un hombre muy creído de sí mismo. Asombra su diario de México, donde afirma que su imaginación «era un corcel de Apolo suelto en los espacios», y se piensa como alguien llamado por la historia a arrastrar multitudes y dejar monumentos a su paso. Al gritar «muero por la revolución» en el instante que supo final, estaba seguro de haber dejado una huella tan larga como sus propias intenciones en la historia de las revoluciones del continente.