Por: Rafael Cristo. Coach.

En el fascinante recorrido de la vida universitaria, a menudo nos encontramos caminando por un intrincado bosque de desafíos, enfrentando senderos de ansiedad y estrés que pueden desviar nuestro camino. Imaginemos la Universidad como un denso bosque, lleno de oportunidades y obstáculos. Cada estudiante es como un intrépido explorador, pero a veces, las sombras de la presión académica y las tormentas emocionales pueden hacer que la travesía sea ardua.
Así como un habilidoso explorador utiliza herramientas y estrategias para sortear los desafíos del bosque, tú puedes aprender a manejar las tensiones del entorno en esta etapa estudiantil en la que te encuentras. En este artículo, exploraremos los senderos de la ansiedad y el estrés en el contexto académico, proporcionando no solo información sobre algunas de las causas que los provocan, sino también tres estrategias probadas que actúan como brújulas confiables, guiándote hacia la calma y el éxito.
Ansiedad y estrés en el entorno universitario
La ansiedad y el estrés en la vida universitaria son fenómenos comunes, alimentados por las expectativas académicas, la presión de los exámenes y la gestión del tiempo. La ansiedad puede manifestarse de diversas formas, desde la preocupación constante hasta la falta de concentración, afectando el rendimiento académico y el bienestar emocional.
Para abordar estas cuestiones, es esencial primero comprender sus raíces.
Para nosotros la ansiedad tiene que ver con un exceso de futuro; cuando estoy pensando de manera continua en lo que puede pasar mañana con el examen de Matemáticas, o pasado mañana con el seminario de Filosofía o el fin de semestre con las asignaturas pendientes, y me atormento por las potenciales consecuencias de los actos que mi mente dibuja constantemente, pues dejo de actuar y mi mente inconsciente se prepara para enfrentar estas situaciones que detecta como negativas, peligrosas o desagradables para nosotros, aunque solo existan en nuestra mente consiente como producto de la imaginación; y como mi inconsciente no diferencia entre real o simbólico, nuestro cerebro manda una señal a las glándulas adrenales, quienes se encargan de producir el cortisol, que es la hormona elaborada por la corteza suprarrenal (la capa exterior de la glándula suprarrenal).
El cortisol es conocido como la hormona responsable del estrés, ya que nuestro organismo la produce en situaciones de “emergencia” para poder enfrentarnos a estos problemas.
Cuando esta hormona se libera a la sangre produce un aumento de la glucosa, para enviar cantidades grandes de energía a los músculos. En caso de una situación de alarma puntual, cuando se acaba el estado de alerta se disminuye la secreción de producción de cortisol, sin embargo en caso de un estrés continuado o de ansiedad recurrente, se producen cambios en nuestro cerebro que producen modificaciones de la conducta y del estado de ánimo general.
Los primeros síntomas de niveles elevados de cortisol son:
1- Cambios del comportamiento
Falta de sentido del humor
Irritabilidad constante
Sentimientos de ira
Ganas de llorar
2- Síntomas físicos
Cansancio permanente aunque no hagamos nada
Dolores de cabeza
Palpitaciones
Falta de apetito o gula desmesurada
Problemas digestivos
Orina frecuente, diarrea o estreñimiento
Dolores o calambres musculares
Interrupción de la menstruación
Pérdida de memoria debido a que los niveles altos de cortisol dañan la conexión entre células cerebrales
Disminución de las defensas. Etcétera.
Como vemos los estados mantenidos de estrés y ansiedad, aparentemente inocentes, puede llegar a generar afectaciones no solo emocionales, sino físicas en nuestro cuerpo. La competencia académica, las altas expectativas y la incertidumbre sobre el futuro contribuyen a este desafío. No obstante, existen estrategias efectivas para contrarrestar estos efectos negativos:
Prácticas de Mindfulness: Cultivar la conciencia plena puede ayudarte a a gestionar el estrés al centrarse en el momento presente. La meditación y la atención plena son herramientas poderosas para calmar la mente. Recordemos que hay muchas cosas que están fuera de nuestro control, por lo tanto ocupar la mente en demasía en estas cosas no contribuye a centrarnos en lo importante y lo necesario.
Planificación Efectiva: Desarrollar habilidades de gestión del tiempo y establecer metas realistas son pasos cruciales para evitar sentirse abrumado. La planificación eficiente te permite abordar tareas de manera más estructurada.
Red de Apoyo Social: Conectar con compañeros y profesores proporciona un sistema de apoyo valioso. Compartir experiencias y buscar ayuda cuando sea necesario puede aliviar la carga emocional. No hemos educado en una sociedad que nos enseña desde pequeños que expresar las emociones puede ser visto como una debilidad, seguramente a más de uno le dijeron en sus primeros años de vida frases como: “No llores, los niños no lloran”, “pareces una niña llorando”, como si llorar o ser una niña fuera un sinónimo de debilidad.
Resulta que es todo lo contrario a lo que aprendimos desde pequeños, llorar como una expresión de dolor o de alegría es un mecanismo natural y biológico perfectamente normal y necesario. Comunicar cómo nos sentimos en cada momento, darnos el derecho a sentir y manifestar nuestros estados emocionales, no solo es necesario sino, recomendado para mantener un estado de equilibrio saludables y que genere un rendimiento óptimo de todo nuestro potencial.
En resumen, superar la ansiedad y el estrés en el entorno universitario implica navegar con destreza emocional en este bosque de desafíos. Adoptar estrategias como la atención plena, una planificación efectiva y la construcción de una red de apoyo, son pasos significativos hacia el bienestar integral.
Quiero hacerte un llamado a comprometerte con tu salud mental y emocional. La Universidad es una oportunidad para el crecimiento personal y académico inigualable. Al aplicar estas estrategias, no solo enfrentarás los desafíos con mayor resiliencia, sino que también cultivarás una mentalidad sólida y equilibrada que te servirá a lo largo de tu vida.
Que cada desafío sea una nueva oportunidad para aprender, crecer y avanzar hacia un futuro brillante y pleno. Nos vemos en la próxima.