Por: Lianet Pérez Sánchez
Tomado de: Periódico La Demajagua

Eliberto Tomás Miniet Zamora o “Tomasito”, como cariñosamente le conocen, fue uno de los afortunados de la familia que heredó de sus mayores el arte de elaborar con catibía, manteca de ajonjolí, anís y achote, las gustadas rosquitas.
Estas, junto a sus primos el matahambre, el suspiro y la rosca blanda, son algunos de los exquisitos sabores que “Tomasito” oferta en su acostumbrado puesto de venta, ubicado en el parque Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, resultante de esta tradición familiar.
Un recorrido por la historia
La fundación de la villa San Salvador de Bayamo en 1513, por Diego Velázquez, unió la cultura aborigen y la española, resultando ambas en una simbiosis de platillos que engrosan la cartelera culinaria cubana y particularmente de Granma.
“El casabe, una de las principales elaboraciones del oriente cubano, y de fuerte arraigo en la acual provincia de Granma, se fortaleció después del alzamiento en el ingenio Demajagua, liderado por Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868”, refiere Roberto Velazco Calzadilla, presidente de la Asociación Culinaria de Granma.
“Con el inicio de la guerra de independencia, los mambises se trasladaron a los montes, desde estos parajes, ricos en viandas, frutas y cítricos, emergieron nuevas recetas ideadas a partir de lo que se tuviera a la mano.
“Se ingenian de esta forma, el tasajo, el revuelto (hecho con maíz y carne), el bollo prieto y el turrón, a partir de pinol, maní y miel de abejas.

“Nuevos dulces surgieron, como la ciruela borracha, bebidas como el agua mona, que se realiza con jengibre, aguardiente y miel de abejas”, explica Velazco Calzadilla.
LOS SABORES QUE NOS IDENTIFICAN
En Granma, de manera general, tenemos alrededor de 57 platos típicos que se han mantenido vigentes durante estos años.
“La provincia se distingue por la elaboración de alimentos a base de maíz como el pan, el tamal en hojas, otros como el arroz a la campesina, el tasajo y el casabe.

“Entre los platos que identifican a la ciudad de Bayamo, están el ajiaco, cuya autenticidad radica en el boyo de maíz; el casabe, y la ropa vieja, muy típicas de aquí.
En la zona de la montaña compuesta por Guisa, Bartolomé Masó y Buey Arriba surgieron varios productos como las longanizas, el bollo prieto, yuca con chicharrones, ciruela borracha y el mata jíbaro, a base de plátano, especias y carne de cerdo.
“Las localidades de Yara y Río Cauto son emblemáticas por la elaboración de la mandanga, similar a una empanadilla con carne, que también deviene tradición familiar de este municipio; mientras en la zona costera compuesta desde Manzanillo hasta Pilón, es muy popular la liseta y el bacalao con plátano”, agrega Roberto Velazco.

Promover las tradiciones
En aras de mantener la vitalidad de estas tradiciones, se aprovecha la realización de eventos culturales y patrimoniales para exhibir estas exquisitas ofertas y a las cuales se suman los casquitos de guayaba, la raspadura, el casabe y los jugos tradicionales de guayaba, ciruela y tamarindo”.
“Actualmente, tenemos dos puntos de venta, El Café Mambí, donde se cuela el café naturalmente en su colador y se endulza con miel de abejas, se vende el pinol, el revuelto, y en la esquina del parque, las gustadas rosquitas, rosca blanda y la matahambre,” recalca Velazco Calzadilla.

Reconocidas y demandadas son las rosquitas de “Tomasito”, quien ha participado en certámenes culinarios como Bayamo Gourmet, y otros, por toda Cuba, patentando nuestra cubanía y la receta de una tradición familiar de más de 40 años.
Disponible en: https://lademajagua.cu/una-caricia-de-viejos-sabores-fotos-y-videos/
