(…) se hace camino al andar.

Por: Ramón Guerra Rivero.

El pasado enero, al leer en la prensa que el poeta Alex Pausides fuera reconocido con el Premio Nacional de Edición y, quitárseme el tedio.

Sin ninguna pereza aterricé en la pista de los años ´80 de la última centuria. Cuando el homenajeado era en aquel entonces asesor de literatura en Manzanillo y, entre otras providencias propias del -hombre orquesta- llevaba de las riendas un Taller Literario con mujeres y hombre de diversas edades.

Los memorables jueves, en el anochecer, con puntual existencia sonábamos los pasos en las sombrías escaleras de la casa museo Manuel Navarro Luna: Si algo nos confrontara era tener por sede los encuentros debates, donde fuera el refugio y almohada soñadora del militante de astutos espejuelos autor de Pulso y Honda. Aunque el trueque implicara exponer nuestros textos, cargados de ilusiones a una implacable poda que los dejara en cueros. Entre los asistentes y, a su vez, el suing de los personajes, era de mucha estima el corpudo Ángel Pena; el sudoroso amigo de Juan Francisco Sariol y su revista Orto. Había echado una vida remodelando hierros, a golpe de mandarrias y tenazas calientes como el mejor herrero. Y, ahora no entendía, como al darle lectura a sus logrados versos, la hoja de papel le temblaba en las manos sin poder moderarlas.

A una hora avanzada salíamos a la noche. Cruzábamos el parque rasante a La Glorieta de arquitectura árabe y orgullo provinciano, donde hacíamos un alto entorno a su leyenda; no hacía muy largo tiempo, había sobrevivido a una demolición de hoteles en sus alrededores. Con ese antecedente se dio a rodar el chiste, de si los visitantes trajeran portafolios la asustarían el sueño. Aunque la distinguida siempre estaría disponible en tolerar a los mismos noctámbulos con los mismos requiebros halagüeños.

Antes de dispersarnos hacíamos el resumen en la cafetería ¨1906¨ degustando sentados un café de los de antes.

Sería en aquel entorno, con sillas arrimadas, el familiar sonido de tazas y platillos y un par de borrachines en son de retirada, donde se nos ocurre retomar el dilema de un boletín poemario en saludo al 14 de febrero.

La intensión cobró un vuelo a nivel de planeta. Se llovieron propuestas, incluso, preciosistas para la ejecución.

El proyecto otras veces, hubo de promoverse mediante una ponina sobre los materiales necesarios, o designando a alguien que sensibilizara al hombre de la imprenta a lanzarnos un cabo. Se hablaba con desorden más de uno a la vez. Mientras Alex Pausides con la barbilla en mano, nos escuchaba a todos sin oír la concreta. En eso alzó la mano solicitando un turno, cedido de inmediato parado de la silla, con la propia tiesura de una vela; después de unas palabras entono reflexivo, más o menos audible mencionó algunos nombre de autores consagrados o representativos de nuestro continente que con la excepción de algunos, no habían trascendido con sus primeros logros, por benevolencia de las inalcanzables casa editoriales, si no, encaminados sobre los más sencillos y manufacturados soportes literarios, que eran más generosos.

La distancia en el tiempo no me consentiría recordar al dedillo y trasladar al calco su elocuencia empleada cuando nos confesó que, una publicación, por humilde que fuera, si quería respetarse o darse a respetar, no lo conseguirían solo con el rigor al elegir los temas.

Entre otras precisiones silabeó dos palabras, odiada por los vagos. Estas serían constancia y periodicidad, que podrían faltarnos, por ser los dos puntales en la sobrevivencia en todos empeños de esa naturaleza.

Esta aseveración, sostenida por alguien de un quehacer cultural con eclosión temprana y ramificaciones en más de una vertiente. Todos en misma función de abrirle feliz vía a un boletín literario de distribución gratuita, nos dará la certeza con referencia al premio que vendría a la larga; no parecer traído por alón de moño. Cabría imaginarse que ya estaría escrito en el mismo camino de un afán misionero, que hizo llevar al hombre al escenario agreste, a sacar de los míticos cerros, con par de carajos, la poesía originaria, por siglos machacada, enlazada del ruedo de todos los lectores, con la visión martiana de:

“de cada libro nuevo, es piedra nueva en el altar de nuestra raza”

Manzanillo. Abril de 2025.

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