
En el marco del emotivo acto por el Día del Educador en la Universidad de Granma, una figura destaca por su serenidad y la profundidad de su hoja de servicios. La Máster y Profesora Auxiliar Graciela Antonia Yera Pompa, actual coordinadora de la carrera de Medicina Veterinaria, acaba de recibir la Medalla al Trabajador Internacionalista. Su rostro refleja la satisfacción de quien ha cumplido con su tiempo y con su patria.
Nos acercamos a ella para conocer qué significa este reconocimiento y cómo se entrelaza su historia personal con la de su querida “Alma Máter”.
Periodista: Profesora Graciela, felicidades por esta alta distinción. En un día de tantas emociones, ¿qué es lo primero que le viene a la mente al sostener esta medalla?
Graciela Yera: Muchas gracias. Siento una felicidad inmensa, pero sobre todo una gratitud profunda. Recibir la Medalla al Trabajador Internacionalista en un momento tan simbólico, cuando nuestra Universidad de Granma celebra su 50 aniversario, es un regalo que desborda cualquier expectativa. Es el reconocimiento a años de sacrificio, pero también de un aprendizaje humano que no se encuentra en los libros.
P: Su trayectoria internacionalista la llevó a escenarios geográficos y políticos muy distintos: Venezuela y Angola. ¿Cómo marcaron esas experiencias su visión como educadora?
G.Y.: Fueron experiencias que me transformaron. En Venezuela, tuve el honor de asesorar al Frente Francisco Miranda, un espacio de vanguardia y compromiso social. Luego, pasé dos cursos académicos en una facultad en Angola, donde la enseñanza se convierte en un acto de hermandad pura. Esos años me enseñaron que la educación no tiene fronteras; que un profesor cubano no solo lleva conocimientos técnicos, sino también valores de solidaridad. Regresar y ver ese esfuerzo plasmado hoy en esta medalla es cerrar un ciclo de deber cumplido.
P: Usted es un ejemplo vivo de la continuidad generacional en esta institución. Fue estudiante aquí y hoy coordina una de las carreras más emblemáticas. ¿Qué significa la Universidad de Granma para usted?
G.Y.: Es mi casa, literalmente. He pasado la mayor parte de mi vida entre estos muros. Recuerdo mis años de estudiante con mucha nostalgia, la misma que siento ahora al ver a mis alumnos. Pasar de las aulas como estudiante a la posición de Profesora Auxiliar y ahora coordinar la carrera de Medicina Veterinaria ha sido un viaje de crecimiento constante. Esta universidad me formó como profesional y como ser humano; por eso, trabajar para ella es mi forma de retribuirle todo lo que me dio.
P: Estamos a las puertas del medio siglo de la universidad. ¿Cómo proyecta el futuro de la Medicina Veterinaria en este contexto de celebración?
G.Y.: Llegamos a los 50 años con una madurez institucional envidiable. Como coordinadora, mi meta es que nuestra carrera siga siendo un referente de excelencia y que nuestros egresados lleven ese sello de compromiso que nos caracteriza. Esta medalla que recibo hoy no es solo mía, es de todos los que me han acompañado en el camino: mis colegas, mis alumnos y mi familia. El 50 aniversario nos encuentra trabajando, creando y, sobre todo, educando con el corazón.